Esteban Valverde. 14 junio
Este es Paolo, el conductor de la aplicación Yandex que me hizo conocer un poco más la cultura rusa. Fotografía: Esteban Valverde
Este es Paolo, el conductor de la aplicación Yandex que me hizo conocer un poco más la cultura rusa. Fotografía: Esteban Valverde

San Petersburgo, Rusia.- Mi cuarto día en Rusia me dejó una experiencia que me marcó, me acercó más a la cultura rusa y pude comprender muchos pensamientos que me iban y venían desde el lunes, día en el que pisé territorio mundialista por primera vez, Viajé con un hooligan ruso, solo él y yo en un taxi, y aunque parezca increíble tuve una conversación fluida con un habitante del país europeo.

La aplicación Uber sufrió una actualización este jueves en el país sede del Mundial, situación que me hizo utilizar Yandex, un software similar, pero en el que también están incluidos taxis.

Me recibió un automóvil gris, con un camanance a un costado, pero como un verdadero ajito por dentro. De una vez la frase que rompió el hielo: "Hello my friend... Are you a fan?"... Mi espíritu se alegró, por fin encontré alguien que dominaba el inglés; sin embargo, con mi primera respuesta me di cuenta que no era el mejor desempeño en el idioma, pero al menos existió la intención de conversar.

El conductor era un hombre llamado Paolo, de tez blanca, fuerte barba pelirroja y anteojos de sol. Su consulta de si me gustaba el fútbol tenía una razón y él me la comunicó apenas le dije que sí.

“Soy un hooligan ruso, pero soy buena persona”, mencionó entre risas. No voy a esconder que en el momento sentí cierta inseguridad porque un hooligan es un aficionado al fútbol que se considera tradicionalmente violento y problemático; no obstante, conforme avanzó la conversación comprendí que en ningún momento hubo peligro alguno.

No pudimos desarrollar con fluidez la conversación, porque no nos entendíamos. Mientras él en una conbinación de ruso e inglés se quedaba rápido sin palabras, yo tampoco conseguía entender: ante la situación decidí utilizar mi teléfono como herramienta y Google Translate hizo el resto.

Yo escribía y ponía al traductor a hablar, Paolo prestaba atención y luego con la asistencia del asistente de Iphone, Siri, le pedía que abriera el traductor para él decir sus frases en el idioma local y que apareciera el texto en inglés.

Comenzamos hablando de fútbol, el taxista tiene claro que Alemania y Brasil son los favoritos para ganar el trofeo, pero dice que pudo ver el cotejo entre Costa Rica y Rusia de octubre 2016 en el que los ticos ganaron 4 a 3.

“Es buen equipo, puede hacer las cosas bien”, dice el texto que me entrega en su teléfono.

También me mencionó las limitantes que tiene como hooligan para entrar a un estadio.

Paolo tenía toda la intención de asistir al partido inaugural de la Copa del Mundo, empero la policía lo tiene en una base de datos de personas que no pueden entrar a los reductos deportivos.

“Nosotros somos buenas personas, algunas ricas, otras pobres, pero lo único que nos gusta es ir a los estadios y alentar a nuestros equipos, somos amantes del fútbol solo eso... Mucha gente relaciona el término hooligan con lo que hacen los ingleses, pero no en todo lado es así”, describió.

Seguidamente, según la traducción encuentro una serie de explicaciones, desde la percepción de Paolo, del por qué la cultura rusa es tal cual: un poco fría, directa, pero respetuosa y amable.

Él, quien aparenta tener unos 30 años, enfatiza en que en su país hay muchas personas que aman su nación, mas no comparten una serie de situaciones del sistema que los rige.

“Como dice el dicho, yo amo a mi país, pero no estoy de acuerdo con otras cosas. Acá hay diferentes circunstancias que no son las ideales”, añadió.

Intenté profundizar más y consulté por qué cuesta tanto que en Rusia se hable el inglés y me mencionó: "No lo sé, uno lo puede medio saber, pero en ocasiones creo que preferimos conversar en nuestro idioma”.

El ambiente en San Petersburgo a inicios de esta semana apenas calentaba de cara al Mundial. Fotografía: Damián Arroyo.
El ambiente en San Petersburgo a inicios de esta semana apenas calentaba de cara al Mundial. Fotografía: Damián Arroyo.

El trayecto de 40 minutos desde el hotel hasta el centro de la ciudad fue entretenido. En una parte de la carretera vimos un automóvil Lada, considerados de la época soviética; como si se tratara de una atracción turística Paolo avisó: ‘sovietic car’, ‘sovietic car’, me decía mientras señalaba con su mano.

Paolo me explicó que muchas de las estructuras arquitectónicas también sobreviven de la era comunista, son edificios con apartamentos pequeños que denotan una estructura golpeada. Normalmente al frente de esos viejos edificios se levantan nuevas edificaciones lo que provoca un encuentro de épocas visualmente.

El mismo conductor me aceptó que para el Mundial él cree que sus compatriotas debieron soltarse más con el idioma, me recomendó visitar los Montes Urales y terminó manifestando que continuará siendo hooligan de Rusia, aunque también alentará a Costa Rica.